Me arrancaba las antenas asunto de unas cartas de amor no hace nada
¡qué pronto pasa la nada!
Ahora ando pegándomelas con la gotita
Quiero estar mona
¡qué digo!
Más que mona
mo
ni
sí
sí
ma
para unos admiradores que me han salido:
uno se hace llamar windows
otro Iberia
El uno me incita para que amplíe mi no sé qué
El otro me invita a hacer la ruta del vino
¿querrá el primero que me ponga silicona en las antenas?
¿le gustarán más rollizas?
¿querrá el segundo que me vaya de botellón?
¿le gustarán callejeras?
no sé qué hacer
... si al menos supiera sus nombres reales...
¿Quién me ha robado mi post?
Ya, ya...
Ya sé que no era un señor post
pero...
era MI post
Mío
solo mío
Y repetir lo mismo cansa
He leído una carta de amor
pero no es una carta cualquiera
porque es una carta dirigida
a
.
.
.

Es extraño comprobar que lo que tú crees, sólo tú, ver en la otra persona, lo que pensabas que era único, sólo para tus ojos, es algo innato en la persona. Es decir: su caminar, su manera de hablar, de reír...
Luego... si los demás son capaces de captar la esencia de la persona, aquello que crees que éstá hecho para tus ojos -y que no lo es así- es que el amor no es tan ciego como lo pintan.
¡cuánta razón tenían los que me decían "¿dónde se ha visto una hormiga con un oso hormiguero?, ¡estás loca!! eso no tiene futuro!
¿buenos días?
no son buenos días
o sí lo son
pero
no se los doy
He descubierto que
a parte de ser hormiga
soy celosa 
¿una hormiga celosa? 
nunca se ha hablado de ello en los documentales
sólo de su laboriosidad
¿laboriosidad?
Me pregunto qué dirían de mi hibernación 
Pues ya es hora de que hablen:
"La celosía de las hormigas, ¿mito o realidad?"
Sí, celosías porque con ellas estoy divina de la muerte
con mis dibujos
con mis formas
con mis...
¡celos! 
y encima cerrada a cal y canto
eah, me voy a por unas migajas de pan
oh, lalá
aún está en pie mi hormiguera
no la reconozco
más
es la misma
¿dónde he estado todo este tiempo?
¿hibernando?
quizás
.
.
.
jo... qué manera de dormir pues
La jungla es más nefasta de lo que yo pensaba. Creo que me vuelvo a mi oscuro agujero.

Esperaré en el mismo a que venga un oso hormiguero, introduzca su aspiradora por el mismo, sea yo una de las elegidas y así tener una visión panorámica del lupanar que es el asfalto. Sería como ir montada en una Harley hormiguera, pero Harley al fín.
Yo soy, aunque no lo parezca, el punto que se ve en el retovisor. Me siento como la hormiga atómica, poderosa.

Aunque no sé, parece que el casco me hace ligeramente cabezuda, y otra cosa no, pero mi cabeza es digna de un museo.

En fín, allá vamos. Tiembla, asfalto, tiembla.
Toda andadura debe estar precedida de un minucioso estudio. Al menos eso me enseñaron en el hormiguero:
“Venga, todas en fila india, y no olvidarse de soltar las feromonas para seguor el rastro, ¡ar!”.
Un día de rastreo tropecé tontamente con una hebra de hilo, éste se me enredó y me senté sobre una hoja para quitarme los nudos formados. Una sombra oscureció la luz del sol.
“¿Ves a aquella dama de allí?, pues es la reina”
“aaahhh”
“y ahora, ves esto?”
“sí”
“esta eres tú, un hormiga obrera, y encima menor, no se te olvide; así que venga, levanta tu culo y rastrear”.
Quien tan lindamente me habló era Borgia, una de las obreras mayores y jefa de sección. Cualquiera le decía nada con las mandíbulas que gastaba. Anudada seguí el camino marcado por las demás obreras, algunas de las cuales se daban codazo y reían a mi costa.
Con el tiempo, y los momentos pasados fuera del hormiguero, descubrí que el nombre de Borgia le venía como anillo al dedo aunque no tuviera, a la obrera mayor.
Porca miseria ser una simple obrera... 
Hormiga.